Amigo: Gabi
País: Rusia
Canción: Dancing anymore
Estos últimos días estuve en Moscú.
Lufthansa fue mala y me canceló un vuelo, pero me las apañé
y acabé volando con Siberian Airlines, tras un estresante fin de semana en el
que tuve que seducir a un informador del
aeropuerto para que me reservara los asientos en un vuelo en el que el checkin
on line no funcionaba.
Nada más llegar me entregué al sushi moscovita. Algo que mis
clientes encuentran muy peculiar.
Mientras devorada los manjares nipones-soviéticos meditaba
que hacer con la habitación para discapacitados que me habían asignado en el
hotel y cuya puerta tenía una mirilla que me llegaba al refajo. Me relajé y
decidí cual Escarlata resolverlo al día siguiente.
La no ducha y la inundación veneciana del cuarto de baño
debe ser algo normal en Rusia si vas con silla de ruedas. Pero a mi me supuso
agarrar la maleta y pedirle firmemente un cambio de habitación a la hierática
recepcionista que no movió ni un músculo.
Mi cliente goza de buena salud y las reuniones no supusieron
ningún problema en los posteriores días más allá de los cuatro puñetazos en la
mesa a los que ya los tengo acostumbrados.
Así que por las mañana sonreía, y por las tardes adelantaba
trabajo desde el portátil. Por las noches volvía a sonreír.
Cené en un restaurante supuestamente árabe mientras una
sisha con una manzana pinchada me dejaba la garganta seca como un alga nori.
Otra noche cené en el restaurante cercano al Bolshoi donde
pude respirar la genuina Rusia capitalista entre platos minúsculos bebiendo un
Coto Rioja por el que mi cliente pagó 300 euros y que calentaron con una vela.
Aproveché para comprobar que San Basilio sigue en su sitio y
dejar constancia de que Elefant estuvó en Moscú.
Comprobé también que los enamorados rusos tienes espíritu italiano
y son unos exagerados como en muchas otras cosas.
Para despedirme lo hice a la manera japonesa para no
defraudar a mis clientes que sospechan que soy un extravagante.
Os digo una cosa, Moscú es mi segunda ciudad tras Frankfurt,
pese a quien le pese.
De la vuelta y de cómo Lufthansa me volvió a jugar y de cómo
terminé correteando por la pista de Frnakfurt os hablaré otro día.
Dancing
anymore




